domingo 4 de octubre de 2009

Gracias a la vida

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio dos luceros que cuando los abro
Perfecto distingo lo negro del blanco
Y en el alto cielo su fondo estrellado
Y en las multitudes el hombre que yo amo

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado el oído que en todo su ancho
Graba noche y día grillos y canarios
Martirios, turbinas, ladridos, chubascos
Y la voz tan tierna de mi bien amado

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado el sonido y el abecedario
Con él, las palabras que pienso y declaro
Madre, amigo, hermano
Y luz alumbrando la ruta del alma del que estoy amando

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la marcha de mis pies cansados
Con ellos anduve ciudades y charcos
Playas y desiertos, montañas y llanos
Y la casa tuya, tu calle y tu patio

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio el corazón que agita su marco
Cuando miro el fruto del cerebro humano
Cuando miro el bueno tan lejos del malo
Cuando miro el fondo de tus ojos claros

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto
Así yo distingo dicha de quebranto
Los dos materiales que forman mi canto
Y el canto de ustedes que es el mismo canto
Y el canto de todos que es mi propio canto

Gracias a la vida, gracias a la vida...


Buen viaje Negrita.

domingo 20 de septiembre de 2009

Pero pero pero...


Tres veces nos vimos hasta que la “gran noche gran” parecía llegar. Fuimos a cenar, como lo habíamos hecho la semana pasada, a un petit restaurant con luces bajas, sillones rojos y comida árabe. Lámparas violetas y exquisitas imploraban romance. Y yo estaba predispuesta a ser feliz.
Él me miraba evidentemente interesado y hasta se había animado a tocar mi mano y cada tanto me daba un beso con sabor a hombre. Yo, encantada.


La cena transcurrió entre risas, susurros y expectativas. Terminamos el vino y de repente todo se hizo más cálido, lento. La piel estaba alerta y los poros se abrían.


“Vamos de una vez”, dijo con voz grave y me emocioné.


Llegamos a mi casa. Caricias, besos y más caricias. Que bueno… En el medio del amor, sonó mi celular. Intenté evitarlo pero pensé que podría ser mi hermana y tenía que atenderla.


“Disculpame”, y corrí entre las ropas tiradas en el piso, busqué el maldito aparato que sólo por que la vida se nos ríe, dejó de sonar en el mismo instante en que lo conseguía agarrar. Número desconocido. Qué extraño.


“Acá estoy”, le dije y se me escapó una risa estúpida.


Volvimos a los besos. Y sonó otra vez el celular. Me pidió que lo apague. Le dije que no podía e increíblemente comenzamos a discutir sobre si el celular o yo.


“Esperá un ratito”, le dije poniendo énfasis en el dismunitivo.


“No espero una mierda”, y se fue.


Cerró la puerta de mi casa y desapareció. Me quedé helada, sin reacción, sin entender.


Sonó de nuevo el teléfono y esta vez atendí. Era la compañía de teléfono, que me recordaba que tenía que pagar la boleta si no quería que me corten el servicio.

martes 8 de septiembre de 2009

La muerte me duele. Sé que somos cadáveres deambulando entre las sombras. Pero cuando la parca llega impredecible, la muerte me duele.

Los ojos opacos caminan entre sábanas de seda y la muerte duele. Así como el canto de los lirios, la muerte me duele.

Escucho tu susurro, lamo tus entrañas. Y la muerte me duele.

Descuido mi alma. Entiendo tus deseos.

La muerte me duele.


Por Manuela Carcelén Espinosa

sábado 29 de agosto de 2009

Laura no está

Laura no está
Laura se fue
Laura se escapa de mi vida
y tú que si estás,
preguntas porqué
la amo a pesar de las heridas
lo ocupa todo su recuerdo
no consigo olvidar
el peso de su cuerpo
Laura no está
eso lo sé
y no la encontraré
en tu piel

es enfermizo,
sabes que no quisiera
besarte a ti pensando en ella
esta noche inventaré una tregua
ya no quiero pensar más
contigo olvidaré su ausencia

y si te como a besos,
tal vez la noche sea más corta,
no lo sé yo solo no me basto,
quédate y lléname su espacio,
quédate, quédate

Laura se fue, no dijo adiós
dejando rota mi pasión,
Laura quizá ya me olvidó
y otro rozó su corazón
y yo sólo sé decir su nombre
no recuerdo ni siquiera el mío
quién me abrigará este frío

y si te como a besos, tal vez
la noche sea más corta,
no lo sé
yo sólo no me basto,
quédate
y lléname su espacio,
quédate, quédate

puede ser difícil para ti
pero no puedo olvidarla
creo que es lógico,
por más que yo intente escaparme
ella está
unas horas jugaré a quererte
pero cuando vuelva a amanecer
me perderás para siempre

y si te como a besos sabrás
lo mucho que me duele
este dolor
no encontraré en tu abrazo el sabor
de los sueños que Laura me robó
si me enredo en tu cuerpo
sabrás
que sólo Laura es dueña
de mi amor no encontraré en tu abrazo
el sabor de los besos que Laura
me robó
me robó.



Jodete pelotudo!


Por Laura

miércoles 26 de agosto de 2009

He works hard for the money

De las dieciocho horas que tiene para vivir, entre doce y catorce trabaja. Una, capaz usa para ir regularmente al gimnasio y el resto se le va en el viaje que lo lleva y trae a su casa. Es joven y deseable. Sabe que varias chicas lo pispean, lo observan. Alguna osada se atreve a hacerle algún chiste insinuante o incluso buscar un tropezón. Tiene pruebas de ello e intuye que más de un par fantasea con él. Sin embargo, no le interesa. No le mueven un pelo. Rodrigo se considera un ser solitario, metódico y serio.

Algunos de sus compañeros, envidiosos por naturaleza pero que callan tal falencia, pretenden codearse con él por sus buenas relaciones con los capos, con los ejecutivos, con los que deciden y llevan la batuta. Él se sabe poderoso en ese ambiente. Y por eso es indiferente a todo y a casi a todos y todas. Trabaja mucho y vive estresado, cansado, pero la ambición puede más y continúa.
El amor lo desencantó siempre. No tuvo suerte. Cree difícil enamorarse, no es que no sea posible pero lo ve lejano. Por eso, tal vez, su indiferencia o frialdad, o las dos cosas.

Pero a la vida le encanta cagarse de risa de uno. Ponernos en ridículo, se empeña en ese método de enseñanza. Fue así que bajo este prelado apareció Sofía.

De sólo verla le gustó. Le gustó el cuerpo, la sonrisa, el pelo y sobre todo cómo camina. Como si nada le importara, como si ella estuviera en otro lado cada vez que pasa cerca, como reina y señora del mundo y del cosmos.

Sofía ama amar. Siempre tiene novio, amantes, coqueteos, insinuaciones y amigos con esporádicos derecho a roce. No tiene culpa y vive. Aunque no comenta sus amoríos, todo el mundo susurra por lo bajo con quien salió, cómo fue y con cuantos se debe haber acostado. La fama ahora le quedó muy grande, pero a ella le da lo mismo.

Rodrigo piensa en ella, pero no sabe como acercarse. Ella no entiende las señales. Esas putas señales. No entiende que la sonrisa de él, es la muestra de una profunda admiración, no comprende que esa pregunta idiota fue una excusa, que ese chiste era sólo para que ella riera. Ella no se percata. No tiene ni idea de cuánto él la piensa y cómo le cuesta.

Rodrigo se desespera, trabaja menos, rinde poco y toma mucho café. Hasta que finalmente pierde la batalla. Se retira del juego. Piensa que está perdiendo demasiado como para poder seguir con ese ritmo. Pide que lo pasen a otro lado. Se va.

- ¿Viste que a Rodrigo lo cambiaron de sector?
- Si. Qué pena.
- ¿Por? ¿Te gustaba?
- Si y estoy casi segura de que yo a él. Ahora voy a tener que ir a visitarlo, a ver qué onda. Pero yo con esta duda… No me quedo.

El pobre Rodrigo, no sabe que la vida enseña como enseña...


Por Laura Brizuela

domingo 23 de agosto de 2009

Idas y vueltas

La primera vez que me dijo que me amaba fue mientras cogíamos. Perdón por la brutalidad, pero no puedo decir que estábamos haciendo el amor. Simplemente cogíamos y al infeliz se le ocurrió decirme que me amaba.

No sé porque lo hizo pero me molestó como molestan los granos purulentos a la hora de una cita, me puso incómoda porque él esperaba respuesta y yo sólo quería llegar al orgasmo. Me desconcentró y tuve ganas de mandarlo a la mierda, de explicarle que no me van los monólogos sentimentalistas mientras cojo, de decirle que muy lindo todo, pero nos conocemos hace muy poco, quería mandarlo al psicólogo y a la mierda de nuevo. Pero me seguía mirando mientras se movía arriba de mí. Entonces sentí pena y me traicioné. Le dije un apenas audible yo también.

Sonrió y acabó, mientras yo no pude nada. Se veía feliz, cansado y satisfecho. Yo me sentía amargada, sola y estúpida. Quería irme y él me abrazó. Me preguntó si tenía ganas de hablar. Me enfermó. Le dije que no, que tenía sueño. Me di vuelta y sentí como él iba cayendo en la profundidad, mientras mis ojos buscaban penumbra en la oscuridad del cuarto.
Hacía calor. Recuerdo que su cuerpo se me pegaba al mío.

- ¿Estuviste enamorada después?
- Si, definitivamente. Pero esa noche, la primera de las millones que estuvimos juntos, no lo quise. Quise extinguirlo. Desaparecerlo.
- Pese a que el decía amarte.
- Por eso. No le creí. Lo vi necesitado, débil, poca cosa.
- ¿Y cómo fue verlo después de tanto tiempo y tantas cosas?
- Nada. Le dije que lo amaba mientras cogíamos. Después me mandó al psicólogo.


Por Laura Brizuela

domingo 16 de agosto de 2009

Conversaciones al pasar

Tres chicos entre 10 y 12 años, hablan en el colectivo:

- Mañana tengo psicólogo – dice uno
- Yo dejé de ir porque me daba miedo la cara de la señora. Te juro me daba un miedo!
- ¿Van al psicólogo? – dice el tercero.
- Obvio. ¿Qué? ¿vos no vas?!
- No, y de qué hablás…
- De la vida, de qué más.



Por Laura Brizuela

jueves 13 de agosto de 2009

Los fantasmas

Cuando aparecen siento morir del miedo. Ese terror paralizador se me cuela por la nariz, se me mete en la boca y no puedo hablar. Es tanta la desesperación que siento que la muerte me ronda cerca pero sólo para jugar conmigo, no tiene intención de matarme y su insistencia me asusta más porque se que quiere acercarme a la locura.

Son fantasmas o demonios retorcidos, no se. Se me vienen en sueños. Despierta los controlo más, pero dormida toman las formas más espeluznantes y perversas. Las caras – si las tienen – se les deforman, los gritos me hacen llorar y aunque no me visitan con frecuencia, cuando lo hacen se vengan por el abandono y me dejan traumada y sudada.

Es difícil controlar los sueños, pero se ve que el hartazgo empezó a ser corrosivo en mi miedo, y lo fue debilitando.

Ayer, los sufrí una vez más. Pero algo diferente pasó. Algo que me hace más fuerte y decidida. Algo que cuando desperté, pensé, era una buena señal.

Era entrada la madrugada, debían ser las tres. Dormía, claro. Sola, como en los últimos tiempos. Y comenzó la pesadilla.

Estaba en la casa de mi madre. Mi hogar feliz, donde todo es comprensión, cariño, saudades, y mamá. Pero las noche ahí tienen otros tintes. Se llena de esa gente, de muertos, de desconocidos. Aunque mi madre – especialmente – insista en que no pasa nada y me acaricie la frente como si tuviera ocho años, yo siento ese miedo, no tan paralizador despierta, pero no quiero dormir. Tengo miedo de dormir en esa casa.
En el sueño, volvía a estar allá, en mi cuarto que nadie ocupa durante el año, rodeada de armonía y olor a pan recién hecho. Todos reíamos de sandeces, y como si nada, cayó la noche, y con la misma rapidez, desaparecieron las personas que conmigo se reían.

Entonces recordé que me habían dicho que iban a ir al centro a cenar. Qué extraño que no quisiera ir. De todas formas, tranquila, empecé a cerrar la casa. Cantaba una de Marisa Monte:

Bem leve leve… releve
quem pouse a pele
em cima de madeira
beira beira
quem dera mera mera
cadeira
mas breve breve… revele
vele vele
quem pese, dos pés a caveira

Cantaba y como debe ser en un sueño, lo hacía maravillosamente. Finalmente recordé que el portón de afuera no estaba cerrado. Tal vez lo habían dejado así apropósito pero ya no eran horas para tentar a la suerte. Mas breve breve… revele.
Entonces se aparecieron en frente: los fantasmas. Dos viejas y luego viejos, sentados en unas sillas mecedoras, me miraban sin ojos, amenazantes y risueños. Listos para empezar con la tortura. Y el miedo empezó a tocarme, la respiración se agitaba, ellos permanecían sentados, esperando el ataque, mi voz comenzó a desvanecerse y en vez de llamar a dios, quería gritarles que se fueran, pero no tenía con qué. Empezaron a gritar, a provocarme, aunque todavía no se levantaban de sus sillas, que rechinaban historias de antaño, macabras.
Algún gesto, no se cúal, me irritó. Y la bronca le sacó lugar al terror. Comencé a querer gritarles. Todavía no hay voz. Se repitió el gesto estúpido. Y entonces, abrí el portón y tomé envión. Quería acogotarlos, destrozarlos, decirles que me dejen en paz, que ya se vayan, que me tienen harta, que los aborrezco, que son unos infelices y que yo no, que se vayan a la misma mierda.
Apenas crucé el portón, se levantaron de sus sillas y se transformaron en cosas más hediondas, pero ahora eran sólo eso, hediondos. La voz se me venía, ronca, volvía. Ellos se desesperaban, mientras daba cada paso. Y finalmente les grite: ¡Hijos de puta! Hijos de…

Mi propio grito me despertó. Eran las tres de la mañana y sentí que por fin aliviada, había ganado una gran batalla. Hoy me toca dormir de nuevo.


Por Laura Brizuela

lunes 10 de agosto de 2009

Test: ¿Sos un loser?

Hoy escuché tantas veces frases de loser, que me dije por dios tengo que hacer un post de esto. La propuesta es que te enteres, como en las revistas para mujeres (infradotadas), si sos loser o cool, eligiendo entre varias respuestas la que más se ajusta a tu realidad.

Y ahora, ¡adelante! Seguro te sorprenderás

1 - Cuando te saludan a la mañana y te preguntan como estás, solés contestar:
a) Bien, todo bien.
b) Y acá… tirando…
c) ¡Cansado de tanto éxito y sexo!

2 - Cuando un amigo te cuenta un hecho triste, vos lo aconsejás con cuál de estas frases:
a) Dale loco para adelante, fuerza y huevos
b) Son cosas que pasan / No hay mal que por bien no venga
c) “A mi me pasó algo peor!”, y empezás a contar tu tragedia

3 – Si un amigo se deprime porque hace mucho que no la pone, vos le decís:
a) El jueves nos vamos de putas y se te pasa todo
b) Si, las minas son todas iguales
c) ¡Vamos a Cocodrilo!

4 – Cuando te encarás a una mina, empezás hablando con frases como:
a) Hola, ¿tenés fuego?
b) Sos la mujer más linda del boliche
c) En el cielo las estrellas, en el campo las espinas y en centro de mi pecho la República Argentina.

5 – Si en el trabajo te cagan a pedos con justa razón, vos:
a) Respondés: “Ok, no hay drama. Voy a tenerlo en cuenta”
b) Decís: “¡Gracias por el consejo! ¡Me encanta aprender todos los días algo nuevo!”
c) Defendés hasta el cansancio lo indefendible aunque ya te hayan demostrado que sos un imbécil total.

6) En tu mail firmás con:
a) Simplemente tu nombre
b) Un apodo
c) Un apodo con algún guiño

7) Cuando te juntás con gente que hace mucho que no ves, al despedirte decís:

a) Nos hablamos
b) Que no se corte
c) Si tengo tiempo nos volvemos a ver, ando con muchos negocios…

8) Cuando hablás de política es probable que en algún momento digas:

a) Y si, siempre nos pasó lo mismo
b) El que mata debe morir
c) Según la escuela de Frankfurt

9) Mientras tenés sexo (con otra persona) solés exclamar:

a) Onomatopeyas varias
b) Oh yeah, Oh yeah baby
c) Dame más, dame más

10) Después del sexo, si hay que decir algo, decís:

a) Estuvo muy bueno
b) Nunca nadie me hizo el amor como vos
c) Mi ex tenía un corpiño parecido al tuyo


Resultados:

Si tenés mayoría A: Sos un tipo / mina común y corriente, ubicado en tiempo y espacio. Con un futuro brillante dado a tu equilibrio. No te gusta chuparle las medias a la gente y sos sincero y ético. Por lo general te gustan minas centradas y pensantes, aunque tenés que admitir que un par de tetas o un buen culo no le hacen mal a nadie. Sos buen amigo y hermano, pero ningún pelotudo. Y si te rompen las pelotas reaccionás con inteligencia y determinismo. Admirás el conocimiento. Sos curioso y te interesa saber del mundo. Admitís cuando te equivocás, y sabés cuando callarte. En definitiva sos un tipo cool. Secretamente lo sabés, pero no te gusta admitirlo.

Si tenes mayoría B: Sos el típico loser. Usás todas las frases loser que hay. Solés ser desganado y mala onda, te quejás bastante de todo, siempre pensás que tu vida es una mierda y que no tuviste suerte. Las minas siempre te dejan porque sos re pesado y no tenés el mínimo tacto. Cada vez que tomás te ponés muy en pedo porque no sabés tomar bien, aunque estás crecidito. A veces cuando hablás escupís o se te ve la saliva yendo de un lado para el otro. Comés con la boca abierta y no te das cuenta que es un asco.
Si hacés algún deporte sos el último en entrar a la cancha y el primero en salir, tus amigos te frotan la cabeza como a un perro y cuando hablás de ellos, decís: “los muchachos”.
Lamentablemente las predicciones no son buenas. En el 85% de los casos, los loser son personas con falta de ideales y pocos huevos, por lo que terminan trabajando toda la vida de cosas que no los hacen felices. Son los cornudos más grandes de la historia y aunque hay casos en los que llegan a tener plata (por que heredan, ¡ojo!) es más probables que terminen como en la siguiente categoría a que se vuelvan cool.

Si tenés mayoría C: Sos un banana. No se si es mejor o peor que el loser, pero se pelean por el puesto. Como buen banana que sos, fanfarronéas hasta de lo ajeno. Te pensás que sos re capito, aunque nunca te haya ido peor. Siempre volvés a las ex porque no tenés la capacidad de comenzar de nuevo. Tus amigos te soportan porque hay que ser solidario en la vida. Vivís con tus viejos a los 30 años para ahorrarte un alquiler y tener comida caliente todas las noches. Solés hablar haciendo guiños y gestos pelotudos. Bueno, hay que aclarar que el banana es un poco más pelotudo que el loser. En el 99% de los casos terminan siendo aborrecidos y se quedan solos. Es muy difícil que un banana mejore, pero hay un estudio de la Universidad de Michigan que dice que el 1% puede llegar a desarrollar una vida normal.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.


Por Laura Brizuela

domingo 26 de julio de 2009

Vendedores de sueños

Esta es la historia de un payaso cínico. Andaba los días haciendo muecas y juegos. Divertía a todos en su entorno. Regalaba flores a cada chica como si fuera la única. Un día se cruzó con una trapecista. Ella parecía tener alas. Él le regaló una flor. Ella la tomó sin mayor interés. El payaso se sorprendió y empezó a trabajar en un plan crudo, maquiavélico, oscuro para que la trapecista cayera sentada junto a él sin dejar de reír.

El payaso armaba cada día una rutina distinta. Todas divertidas, ingeniosas, con pinta ingenua. Ella disfrutaba con las presentaciones. Empezó a creerle que las historias eran dedicadas sólo para ella. Jugaban a pintarse las narices rojas. Entre telas colgantes iban fusionando sus cuerpos al ritmo circense.

En la carpa parecían una pareja feliz. Fuera de ella el payaso seguía regalando flores por doquier. Una tarde soleada ella salió a pasear por los bosques del olvido. Se encontró con aquel payaso cruel. Él hacía la misma rutina para una vendedora de tristezas.

La alada mujer, en el piso, sintió caer desde lo más alto de su trapecio. Se estrelló. Se rompió. No quiso volar más.

Días después el payaso regreso sonriente. Como que nunca nada hubiera pasado. Empezó nuevamente con sus rutinas. La trapecista con miedo comenzó a sonreír otra vez. Sin embargo, su gesto era otro. Su mirada era cuidadosa.

En una presentación de las tantas que hacían, pasó algo sorprendente. Llegó un mago que encantaba a hombres, mujeres y niños con su esplendor. Cada truco dejaba atónitos a todos. La trapecista no dejaba de mirarlo. Después del show el mago la llevó a pasear en una moto voladora. En medio del bosque comenzaron a contarse historias. No todas eran divertidas. Pero disfrutaban cada instante. Él sacó de su manga pintura. Empezaron a jugar con el rojo intenso. Ella, sin pensar, empezó a maquillarle la nariz del mago. En medio de ese segundo placentero llegó el payaso cínico. Miró lo que estaba pasando y empezó a dar de gritos. Con una risa irónica le dijo a la trapecista: “cómo puedes decirle a alguien que es el único payaso del mundo, si le pintas la nariz a un vago”.

Ella no supo bien que responder, pero a su mente sólo venía una frase… cómo le puedes decir a alguien que es la trapecista más importante, si regalas flores a vendedoras de tristezas.


Por Manuela Carcelén Espinosa