miércoles 8 de julio de 2009

Hasta luego

Todo se mezclaba. Los colores, olores, sensaciones. No sabía si era un adiós o un hasta luego, pero presentía que pasaría mucho tiempo antes de volver a verte. Mis maletas pesaban tanto como esa vida que construí junto a ti. Los rostros taciturnos se ocultaban. Te abrazaba tratando de escuchar alguna palabra que detuviera mi paso, una pista que me indicara que aún querías mi presencia. Yo preferí el silencio. Intentaba que los gestos mostraran mi ebullición interna, mis descalabro mental, mi quiebre emotivo.

Tú no hacías más que mirarme. No emitías palabras, sonidos.

Como un reflejo opaco de mi pasado, empecé a recorrer cada segundo. Respiraba y el aire me llevaba a vivires, soñares, paseares.

Un taxista gordo esperaba por mí. Parecía entender que las despedidas son largas. Yo bajaba la vista, intentaba no mostrar que mis ojos mojados sentían algo de dolor. Y lo disminuyo a algo porque hoy será mejor pensar que fue inútil, pasajero, insignificante.

Cuando finalmente me desprendí de tus brazos y de tus aires, subí al taxi, pedí que me llevará a Ezeiza. Sin saber por qué le permití a mis lágrimas que siguieran el camino que buscaban horas atrás. Así como ellas empezaron a correr, Buenos Aires decidió también mostrarme algo de su amor. Desde el cielo y al unísono sus lágrimas también empezaron a llenar toda la ciudad. Fue un llanto nuestro, largo, fuerte como el de un niño.

Llegamos a Ezeiza, ambos –la capital y yo-, respiramos hondo, nos calmamos, no quisimos. Dijimos hasta luego.


Por Manuela Carcelén Espinosa

lunes 6 de julio de 2009

Canas chorros

Hoy me parece que vi a un cana robándole a un tipito. Digo que me parece, porque no tengo pruebas. Pero estoy quasi un 90% segura de que fue así:

Era muy temprano en la mañana, a eso de las 5.30 cuando vi lo que vi. La víctima de la ley era un reguetonero o rapero (se me confunden las modas) borracho a más no poder, embebido en etanol puro, balbuceando boludeces incoherentes.

Yo venía por la misma vereda y fui pasando despacio pero atenta. Mientras el cana le hablaba susurrando, el borracho se acomodaba tambaleante la vicera blanca y dorada. El hijo de puta del policía le decía algo así como “callate, tranquilito y dame la guita papá que no te va a pasar nada”. El flaco no entendía un pomo y le extendió la mano con unos billetes arrugados.

Cuando pasé, asustada y con las llaves entre los dedos para usarlas como estacas si las necesitaba, el oficial me vio y cruzó rápidamente la vereda cabizbajo.

Entonces el flaquito entendió que le habían robado y como pudo, empezó a gritar cosas incomprensibles. Por como hablaba parecía peruano y gritaba y puteaba y se caía y se levantaba maldiciendo otra vez. Pero a esa altura el cana ya se había dado a la fuga.

Sentí mucha rabia. Me dio pena el salame ese y después más rabia. Mucha.

Pensé que lo único que podía hacer era denunciarlo por acá o en todo caso hacerle una macumba para que le vuelva por diez (Cana de un camión de putas). Pero ahí me acordé que no se nada de magia oscura, así que me quedé con la primera opción, aunque capaz no sirva de nada.

viernes 3 de julio de 2009

Visitas flasheras

Vino por una semanita. Paseamos, nos tomamos unas merecidas Quilmes, otras anheladas caipirinhas, hablamos horas y nos reímos tanto. Fue raro como vino de repente pero ahora que mi amigo ya se fue, me acordé del dialogo que lo convenció para venir. Lo busqué y acá está. ¡Salud querido!



Amigo dice:
Olá!! estou adorando seus dois blogs =)
Lauragate dice:
holaaaaa
q bueno!!
estou caprichando!
sabés q no encuentro en español una traducción para caprichar
y siempre me sale esa palabra
me miran como si tuviera problemas mentales
Amigo dice:
Naaaa la gente es q no sabe nada. No sabes! Hoy sentí aromas porteños mientras caminaba por estas calles que ya conoces… Era el olor de Buenos Aires, no sabes que fuerte fue
Lauragate dice:
Ahh… saudade
Amigo dice:
Igual estaba medio frío, eran las 06.30 de la mañana y el aire muy seco [nada común en Río] y puede ser eso también.
y nada, una pena no pueda estar allá =/
Lauragate dice:
Si... mucha
Pero bueno... Animo!
No te pongas mal
Amigo dice:
Igual podría ponerme pilas pa pasar un fin de semana pero seria re contra irresponsable… Aunque responsabilidad no sea una de mis palabras favoritas jajajaja
Lauragate dice:
Uh seria lo maaaaaaaaas!!
Pero si tenés para un finde, te quedas unos días más
Que pasa si pedís una semana?
Decí q es una urgencia
Amigo dice:
Uy Lau,, no me hagas eso! ahora ya me siento con ganas de buscar eso,, noooooooooo
jajajaja
Lauragate dice:
No no bueno, no se
Se feliz.... q se yo
Hacete cargo de tus deseos
Amigo dice:
Jeje pera, toy pensando acá… pa mi seria: llegar a Baires día 25 viernes a la noche, 26 sabado, 27 domingo... y, quien sabe hasta 28 lunes les pido este día pa no trabajar.. mmm a ver a ver,,, jajajjaaj
Lauragate dice:
Solo 3 dias...
Decile que tenes q venir a bs as
porq una amiga…
ya se!!! me caso yooo!
Amigo dice:
jajajaja
Lauragate dice:
Cómo no vas a venir a mi casamiento!! Sos vital.
Amigo dice:
Claro! porq los novios se conocieron por mi 'culpa', soy muy importante pa ellos,,, Jeje!
Lauragate dice:
siii
Sos el padrinooooooo
juaaaaaaaaaa
Amigo dice:
jajajajjajaja
Lauragate dice:
en serio es bueniisimooo
ya te compramos el traje
porq sabemos q no tenés un mango!!
y queremos pagarte el pasaje pero vos no quisiste
de orgulloso
Amigo dice:
yo tengo un traje de casamento,, podemos hasta inventarmos una fiesta de mentira y sacar fotos pa mandar a los de mi trabajo después,, jajajajajaaj
Lauragate dice:
siiiiiiiii
joyyya
uh, pará... con quien me caso?
Amigo dice:
jajajja guilleeeeeeeeeeee
Lauragate dice:
noooo!! nata se pega dos tiros en la cabeza
pero tenemos q conseguirme esposo! urgente
Amigo dice:
ah bueno.. Podemos decirle q en Japón es común eso, q los samuráis se quedaban con mas de una mina... no?
jajajaja
Lauragate dice:
No, bueno… el esposo lo conseguimos después por ahí…
Pero vos ponés cara de "tengo q ir!" a tu jefe y listo
Decile que lo ibamos a hacer a fin de año
pero como quedé embarazada…
Amigo dice:
jajajajaja seeeeeeeee la naturaleza siempre nos hace sorpresas así!
Lauragate dice:
nanan... tenés q venir a mi boda amigo.
sino se pudre todo
Además a mi hijo le voy a poner tu nombre. No da que no vengas…
Amigo dice:
jajajaja caralho! esto está cada vez más en serio
Lauragate dice:
el crimen ferpecto
ay por dios… va a ser muy divertido
Amigo dice:
sabes, hay otra opción,,
Lauragate dice:
cual?
decir la verdad?
Amigo dice:
"podriiiiiia" trabajar desde una compu cualquiera
Lauragate dice:
desde aca!!
tenés internet todo el dia, anda re bien, peceína es re buena onda, y habla un montón de idiomas
vos deciles de mi casamiento
y que como estás tan agobiado
les proponés laburar desde acá
pero a la boda tenés q venir
que ellos te den las herramientas
Amigo dice:
jajaaja
Lauragate dice:
y vos, de mil amores, laburás desde acá
pero sino tu amiga te revienta
Amigo dice:
sabes q ahora juntando los dos nos quedamos con argumentos más fuertes no,, jajjajajaaj
Lauragate dice:
oPvio
quedás re bien!
siempre preocupado por el laburo
y los compromisos con la gente
Amigo dice:
si claaaa
Lauragate dice:
eso habla muy bien de vos!
entonces cuento con el padrino?!
Amigo dice:
lau, sabes q… ya toy acá contando los billetes guardados pa saber cuanto tengo pa viajaaaar jajjajaja
Lauragate dice:
mirá... pagate el pasaje
nada mas
el resto, y comida hay
y para salir, rompemos chanchitos, asaltamos a alguien, estafamos a un par de ingenuos… algo siempre se me ocurre.
Amigo dice:
y bueno, el pasaje puedo pagarlo con tarjeta..
Lauragate dice:
metele entonces
practicá la cara de culpa y andá a hablar con tu jefe
Amigo dice:
caralho, por eso sentí el aroma de baires hoy todo el diaaaaa jajajjaja
Lauragate dice:
siiiiiiiiiiiiiiiii
q alegriiia
jajajaja
é deus meu filho
Amigo dice:
jajajaja deus é brasileiro.. y bueno, deus é carioca... no no.. deus me va a cobrar eso después, es cierto. jeje
Lauragate dice:
jajajaja
vai sim, pero... quien te quita lo bailado!
Amigo dice:
jajajajaja
Lauragate dice:
claro... hay q reírsele
Amigo dice:
jajajajja
=) todo por un casamento
Lauragate dice:
jaja
imaginate cuando sea en serio!

lunes 22 de junio de 2009

Los timados


“Quiero que sepas que estoy loco por vos”, fue la frase que se le apareció en la ventana de dialogo. Era Martín el que le hablaba, el chico de deportes. Ese tipo parco y sombrío con el que nunca había cruzado más de dos palabras. Ella se sorprendió primero y luego se arregló el cabello. Pensó que era raro, pero se sintió halagada, recordó que tenía novio y de todas formas se permitió fantasear con la idea de una aventura.

“Si. A mí siempre me pasó lo mismo con vos. Siempre me encantaste”, fue lo que Martín leyó desde la ventana de diálogo de Barby, cuando volvió del baño. Y no entendió nada. Se rascó la cabeza e intentó dilucidar que mierda pasaba. Se levantó del escritorio y fue a buscar un café. Pensó que en el camino podría pasar por el escritorio de Bar y preguntarle qué había sido ese mensaje, pero después le dio vergüenza. ¿Y si a la mina le pasaba algo con él? Nunca se lo había imaginado.

Al otro lado de la redacción Juan y Carla esperaban ansiosos ver la respuesta de los dos. Habían aprovechado el momento de ausencia de cada uno para meterse en las máquinas, y escribir las frases coquetas. Sólo querían divertirse y estaban seguros de que el chiste sería estupendo.

Y mientras se imaginaban el desconcierto de los dos timados, no sospechaban que Bar y Martín ya estaban planeando cuándo salir a tomar algo. Ella se reía tímida y él pensaba que este había sido un buen día.


Por Laura Brizuela

miércoles 17 de junio de 2009

And that’s the point: .

Decidí volver al ruedo cuando me di cuenta de que estaba haciéndome amiga de la soledad. Porque ella me entiende, me justifica, no me exige nada. Pero también empezó a asustarme y decidí aceptarle una cita a la aventura. No tenía demasiadas expectativas pero estaba algo ansiosa.

A Bruno lo conocí por medio de Ana. No fue amor a primera vista pero no me pareció que estuviera mal. Habíamos hablado varias horas de cine y teatro aquella primera noche y justo esa semana había un festival independiente que prometía ser muy interesante. Se acordó y me invitó.

Le pidió mi celular a mi amiga y me llamó. Me gustó la voz en el teléfono, parecía más grave de lo que recordaba y la risa terminó por cautivarme.

Me vestí con esmero, me pinté las pestañas. ¡Uf! Hacía mucho que no lo hacía. Quedaron largas. Me arreglé el pelo y salí.

Llegué diez minutos tarde como dicta el manual de citas. Me esperaba con las manos en los bolsillos y los hombros levantados por el frío. Me causó gracia unos saltitos que dio para aminorar el frescor. Nos saludamos, teníamos las caras heladas, y sentí la agradable sensación de una barba crecida. Me sonrió y empezamos a hablar.

Vimos la película, comimos pochoclo, paseamos por unas galerías, después fuimos a un bar. No nos queríamos despedir. Fuimos a otro bar, ya por otro barrio menos alternativo y me dio un beso seguidos de muchos otros que terminaron en la propuesta indecente de ir a su casa en la primera cita. Aquí rompí las reglas del manual. “Si, vamos”, le dije segura de que me encantaba.

Llegamos al departamento que estaba curiosamente ordenadísimo. Me sirvió un Bailey’s, y para él un whisky. En cuanto brindabámos, yo pensaba rápidamente si estaba bien depilada y qué ropa interior tenía puesta.

En medio de mis pensamientos un perro viejo me vino a saludar meneando la cola. Ese fue un golpe bajo y una vez más me felicité por haberle dicho que sí.




Jugamos con el animal unos minutos, me contó que se lo compró porque a veces la soledad lo asusta aunque ella lo entiende, lo justifica y no le exige nada. Luego Paco, como se llama el bicho, se fue a dormir y nosotros nos concentramos en otras cosas.

Apartamos los tragos y nos dedicamos al amor ahí mismo en el sillón, al terminar pasamos al cuarto y repetimos. Una vez cansados dormitamos, al tiempo que hablábamos como en secreto. Todo perfección.

Hasta que de repente un sonido de tos, de ahogo, que provenía de la sala nos despertó del letargo. Corrimos a ver qué era.

Paco se había tragado uno de los preservativos que había quedado en la sala. Quería escupirlo, pero se lo tragaba cada vez más.

Me quedé muda, mordiendo un pedazo de la sábana que me cubría. Bruno le metía la mano en la boca al perro que terminó por tragárselo.


- ¿A donde mierda consigo un veterinario a esta hora? Que perro pelotudo… - dijo agarrándose la cabeza y mientras se le escapaba una risa.
- ¡Yo tengo una amiga que es veterinaria, ¡llamemosla!


Rocío estaba durmiendo, como era probable un jueves a las 4 de la mañana. Como me dio vergüenza explicarle la situación, le pasé el tubo a Bruno. No sólo el perro había sido pelotudo.

Ella le dijo que no se preocupe, que los cachorros al igual que los bebés humanos para probar el mundo lo empiezan haciendo con el sentido del gusto y que ese globo con el que jugaba lo va a eliminar sin problemas con la dosis justa de vaselina. “Si, cachorro”, lo escuché decir.

Había que darle el santo remedio urgente porque estaba tirado en el piso quejándose de dolores.

-¿Cuánto pesará Paco?
- ¿Nunca lo pesaste?
- No, nunca se había comido un forro…
- Jajaja! No se, yo diría unos 20, 25 kilos. Es gordo… No le das de comer, por eso se lo manduqueó.
- Come como un hijo de puta este animal… Hoy quedó más que claro. ¿Qué pasa si me paso con la dosis?
- Va a tener diarreas, cólicos, se puede morir. No es joda.
- Ta madre. ¿Y como lo peso? ¿Vos cuanto pesás?


Hombres de la viña del Señor. Nunca, nunca jamás debe hacerse esa pregunta. Pero este era un caso de vida o muerte.

- Ammm…
- ¿Cincuenta? (ay tan lindo)
- Eh… no se bien.
- Aproximadamente.
- Unos 64 kilos con 80 gramos.
- Ok, vení.

En ese instante, me agarró como si fuéramos a entrar después de la boda a la casa nueva, y me retuvo en sus brazos un rato, mientras subía y bajaba los brazos y ponía cara de concentración.
Me bajó e hizo lo mismo con Paco.

Sólo los gemidos del perro interrumpían su concentración. Tomó la vaselina, la mezcló con no se qué y se la dio. “Debe pesar 30 kilos para mi”

El perro se curó. Cagó el preservativo y se repuso de lo más bien.

Eso fue la semana pasada. Y tuvimos como excusa vernos todos los días para ver cómo seguía el perro. Hoy jueves, vamos al teatro. A ver una obra que habla de papelones en el amor.


Por Laura Brizuela

sábado 6 de junio de 2009

¡Es mi cumpleaños!


Siempre me encantó celebrar mi cumpleaños. Si ya de por sí uno festeja cada pavada ¿cuánto más debemos homenajearnos con la venida de otro año y la ida del anterior? Además es un momento en el que - al menos yo – exijo atención total, sorpresas y agasajos para mí sola. Simplemente porque es cumpleaños. Me convierto en la persona más demandante y amorosa de la tierra y le saco el jugo a ese día como a ningún otro.

Cuando era chica, esperaba que me trajeran el desayuno a la cama, que yo dictaminara que iba a almorzar la familia, y mi mamá se esmeraba en hacer mis comidas preferidas. A la tarde yo decía a donde íbamos a pasear. A la noche, la torta y los regalos. Después el fin de semana, los amigos venían y jugábamos horas a las escondidas, carreritas, gritábamos, saltábamos. Y de nuevo torta y regalos. Éramos felices sin tiempo.

De adolescente la cerveza empezaba a ser fiel compañera y los juegos cambiaban. Pero nunca dejaba de esperar mi cumple.

Sin embargo, cuando tenía 16 años, conocí a un chico que por ser un aparente frío intelectual consideraba que mi anhelo por esas fiestas era nada más que la representación estúpida de mi inmadurez. Tan convencido lo decía, que comencé a creer en sus palabras. Sobre todo cuando contaba que su propio cumpleaños no sólo no lo festejaba, sino que le molestaba que lo saluden. “Me pone de mal humor”, decía.
Así todos esos días pasaban como uno más en su vida.

Yo quedé impresionada. Ese pensamiento – entre otros – me pareció digno de un duque, de un ser que no soporta nimiedades, de un ser humano fuerte y de carácter que está para otras cosas y que no pierde tiempo con especulaciones ni preparativos sin sentidos.

Quise ser como él e hice la prueba.

Cuando faltaba un mes para el que en otras épocas había sido mi tan ansiado cumpleaños, mi mamá me preguntó que pensaba hacer ese año. Entonces le repetí férreamente mis nuevas convicciones y luego de haberle dicho que ya no festejaría esas cosas, me senté en la computadora a escribir.

La familia aceptó mi nueva regla entre susurros y ojos abiertos. “Esta chica nos salió rara Marta”, lo escuché a mi papá decirle a mi madre.

Me sentía dueña de mí y de mis decisiones.

Llegó el día y no me trajeron el desayuno, almorzamos algo al pasar, me saludaron escuetamente y cada uno volvió a sus actividades de siempre. Fue un jueves cualquiera.
El fin de semana pasó como cualquier otro y lejos de sentirme tan dueña de mí, como había creído, me sentí sola, triste y abandonada.

Lloré en el cuarto media hora, hasta que entró mi mamá. Se sentó a mi lado, me dio un beso en la frente, me acarició y me dijo una sola frase que hoy la recordé:

“Nunca dejes de ser vos por una filosofía comprada”



Por Laura Brizuela

lunes 1 de junio de 2009

Mi ídolo



Me reí mucho. La próxima va un texto, lo juro.

Laura.

viernes 22 de mayo de 2009

Historiales reales: número 25.365


Es contadora. Nueva empresa, nuevo puesto y desafíos. Estaba entusiasmada.

Y lo vio.

En escasos segundos analizó el cuerpo debajo del traje, el pelo despeinado, la barba perfectamente crecida y la mandíbula firme. En cuanto se ocupaba de requisar su mirada, Ezequiel la percibió.

Los amores de oficina nunca funcionan, le habían dicho miles de veces. Por eso ella siempre en cada trabajo tenía uno nuevo para demostrar la sabiduría de esas palabras.

Esta vez, la presa parecía difícil, pero el empeño y el sacrificio la hizo ganadora.

Lo que ella desconocía es que Ezequiel era un hombre con una enorme debilidad por las mujeres. Mariela le gustó inmediatamente y cada día se sentía más atraído, pero no quería hablar de compromisos ni cosas raras y suponía que ella lo entendía.

Lo único que entendía Mariela es que estaba pasándola muy bien y que evidentemente estaban construyendo una relación. Se veían varias veces por semana, fuera del trabajo, hacía el amor el ochenta por ciento de ese tiempo y el veinte restante no importaba.

Se esmeró en ser atenta y amorosa. Todo andaba de mil maravillas hasta que lo encontró en el escritorio del jefe penetrando a la secretaria del mismo, a la hora del almuerzo. Casi inaudible dijo perdón por la intromisión y salió. Al otro día, después de haber llorado la decepción, lo enfrentó, el lo negó, pero se acordó que ella lo había visto y arremetió con que de todas formas “vos no sos mi novia” y se fue dejándola sola, rumiando la bronca.

Pasaron las semanas y Mariela descubrió otras aventuras de su querido. Comprendió que había estado con un idiota y lo ignoró por completo. Rechazó fantasear con él y evitó encontrárselo siquiera.

Él se sintió solo. Recordaba el sexo, las risas, las conversaciones. Realmente le gustaba Mariela, pero no quería ir tan rápido. Entonces le propuso, vía mensaje de texto, sentarse a hablar. La extrañaba. Hacía un tiempo que no sabía nada de ella. La había visto pasar por Tesorería y sintió deseos de tocarla de nuevo.


Me aceptás un café dsp del laburo? Quiero verte


Ella recibió el mensaje y las ganas de matarlo.


Nos vem a las 7 en la puerta. Tenemos que hablar de nuestro hijo.


Y se acordó de una frase de Baudelaire que una vez alguien le dijo: Jamás es excusable ser malvado. Pero hay cierto mérito en saber que uno lo es.

Después habría tiempo para aclararle al infeliz que el mensaje se trataba de un pequeño chascarrillo.


Por Laura Brizuela

jueves 21 de mayo de 2009

Me visitó otra vez

Las lágrimas caían sin descanso sobre el teclado. Recordaban las palabras que leyeron sin quererlo y preferían salir corriendo por otros lugares, en donde la traición no estuviese presente. Maldita ella… volvió como lo auguró la última vez. La diferencia es que ahora cambió su acento, ahora me habló en ecuatoriano y no pude esquivarla.

Hace unos meses fue a llenar mi cabeza y mi sangre de veneno. No la dejé, la espanté, la insulté y sobre todo me enfrenté; a ella y a mí. Cuando me hablaba en argentino, trató de convencerme que mis lazos eran frágiles, que me habían traicionado, ocultado la verdad. Como decía ella hasta un ciego vería, lo que yo no quería ver. Pero mi fuerza, le sorprendió y sin más reacción dio media vuelta y se fue. Cuando estaba lejos gritó: “De mí no te salvás, ¡Eh!” Y tenía toda la razón.

Ahora la historia es otra. Me hubiera gustado que ella me diga que el amor me dio la espalda o que la fidelidad se tomó un recreo o que mis anhelos de amistad se partieron en dos. No. Llegó con noticias peores. La honestidad se vendió por tres monedas. Tres simples monedas que pronostican algo que prefiero ni si quiera tipear. Tres monedas que a mí me eliminaron, me ahogaron, me partieron.

Lástima que no se entendieron los códigos, para mí eran evidentes.


Por Manuela Carcelén Espinosa

martes 19 de mayo de 2009

La otra media de Zhumir

Un domingo como cualquier otro. Estaba frente a mi computador tratando de trabajar, de leer, de escribir. No podía hilar ni una sola idea. La televisión estaba prendida como siempre. Es inevitable apagarla. Extraña compañía a mis días de soledad… siempre elijo parejas equivocadas.

Sin poder concentrarme empecé a navegar por blogs y páginas web ojeando lo que los demás publicaban, quizás así alguna inspiración llegaría a mis sentidos que llevan un tiempo de sequía. Recordé que una amiga me recomendó leer un blog que se llama bitacoradelkpitan.blogspot.com. Ella me dijo que debía mirarlo, que estaba muy bien escrito y sobre todo que me sorprendería con su contenido. Sin más pistas que esas, tipie en una ventana aquella dirección.

Mientras se abría la página estaba mirando la película de Woody Allen, Vicky, Cristina, Barcelona… Ya era como la cuarta vez que lo hacía por lo que mi concentración estaba dispersa en mil lugares. Recordaba varias escenas que me hicieron reír y otras que me recordaron la gran imbécil que puedo ser. Eso de identificarse con aspectos de los personajes del cine no es del todo bueno; se afirman las percepciones de la estupidez innata que tenemos los seres humanos cuando pretendemos relacionarnos.

Finalmente el blog estaba listo y yo cruzada de piernas, con los lentes ajustados y una cobija sobre mí. Media de Zhumir se llamaba el post. Probablemente el autor era ecuatoriano, y casi seguro que el alcohol era su estilo de vida. Hablaba de su habilidad para contar historias y de la aparición repentina de su ex novia o como él la llama de manera exagerada: la reina madre de sus ex novias.

La historia me sonaba familiar, aquella mujer tenía ciertas características mías y el relator muchas otras de mi ex novio. Claro el Capitán decidió una vez más contar nuestra vida. No sabes hablar de nada más que de nosotros, pensé mientras devoraba cada línea. Es inevitable leerle, hipnotizarse con todo su talento.

Pero en ese momento mi vista se desvió hacia la pantalla del televisor. Apareció María Elena o Penélope Cruz. Intentó suicidarse, recurrió a Juan Antonio, su ex marido, eterno enamorado, su locura constante. Maldita coincidencia, pensé. Siempre que el Capitán se acerca, por mi lado viajan mil sugerencias que me indican que nunca podremos separarnos. Dos enfermos, dos locos y dos enamorados que no pueden vivir juntos, pero tampoco separados. Mi psiquis se pierde por completo cuando pienso en su talento, en su inteligencia, en sus habilidades, en todo lo que hace, en lo bueno que es. Y tengo ganas de gritarle que me desespera su estado de quietud, de falta de pasión, de sueños que nunca cumple, de capacidad botada a la basura.

Según él, yo escribo bien, crecí artísticamente gracias a su ausencia, ahora estoy explotando mi talento porque no vivo con el Capitán. Según yo, no escribo bien, él me puso esas semillas, me guió hacia un camino que ni si quiera había mirado antes.

No puedo dejar de hacer las dos cosas. Odiarle, adorarle.

Una mala noticia. En un flash informativo dice un periodista que el escritor uruguayo Mario Benedetti murió. Ese hombre que me permitió regalarle unas palabras que en algo dibujaban lo que yo sentía por mi ex, claro cuando todavía le dedicaba cosas. Ella me daba la mano y no hacía falta más. Me alcanzaba para sentir que era bien acogido. Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano y eso era amor. Eso le decía yo a cada segundo. Le recordaba por lo menos unas cien mil veces al día que estaba loca enamorada. Ahora no le digo. A veces lo siento, otras creo que se me pasa. Pero la noticia me hizo sentir de nuevo su pie junto al mío cuando dormíamos. Como un pez flaco y huesudo mi patita buscaba a su pareja y podía perder la cabeza si no la encontraba; le obligaba a que la cobijara para sentirse acompañada. Caramba que coincidencia.

Regresé al blog y continué con la versión capitanesca de mi pasado. En una carta digo que le odio, que es un hijo de puta, que es un perdedor. Esas palabras son las mismas que digo en uno de sus cortos en donde él es un joven escritor con talento pero que trabaja para una revista porno; es decir, es un mediocre. Yo soy alguien que sin mayor explicación llegó a su vida para recordarle que es una basura. Me nombra en todas sus historias y en todos sus cuentos. Me hace soberbia y por lo general le escupo a cada segundo lo miserable que es.

De todas formas, lo raro de este domingo es que no fue como cualquier otro. Se llenó de coincidencias, de anhelos, de recuerdos. Benedetti, Allen, el blog, su vida, la mía. Hace unos días nos encontramos, salimos juntos, tomamos algo, nos emborrachamos. Nos recordamos como éramos en el pasado, cuando todavía estábamos juntos.

Tal vez necesitamos una Cristina para caminar tranquilos, amarnos y poder ser una pareja poco normal pero menos volátil, loca, enferma.



Por Manuela Carcelén Espinosa